Hollyrose se inspira directamente en esas mujeres que gravitaban alrededor de las estrellas de rock en los años 70 en Los Ángeles. No solo fans: musas, íconos de estilo, figuras de libertad. Ellas deambulan por L.A., entre bastidores, en las habitaciones de hotel, entre conciertos, fiestas y caos. Influyen en la moda, la música, la actitud. Son a la vez inocentes y totalmente libres, dulces y peligrosas. Desde el principio, la rosa aparece fresca, ligeramente verde, casi inocente. Pero muy pronto, es atrapada por algo más oscuro, más texturizado, que rompe su lado demasiado liso. Luego, el perfume se transforma. La rosa se vuelve más profunda, más cálida, con una faceta casi cuero o amaderada que le da carácter. Ya no es una flor limpia, sino una materia viva, un poco dañada, más real. Con el tiempo, Hollyrose se asienta en una base suave pero marcada, donde la rosa permanece presente, pero oscurecida, casi aterciopelada. La firma es contrastante, entre dulzura y tensión, con una verdadera personalidad.